Gracias Santo Padre, muchísimas gracias.
- 3 mar 2013
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Sin duda ninguna, ha sido la noticia de los últimos días que, trascendiendo el
ámbito eclesial, ha impresionado al mundo entero. Sí. En la mañana del pasado
11 de febrero, Su Santidad el Papa Benedicto XVI anunciaba pública y formalmente su
decisión de renunciar al ejercicio del Ministerio Petrino.
La primera impresión general, cargada de incertidumbre, fue pensar que se
trataba de una broma de mal gusto, macabramente promovida por alguien,
perorápidamente se confirmó la sobrecogedora e inusual noticia.
Muchos comentarios y posturas encontradas ha suscitado esta cuestión. La
decisión del Santo Padre, no viene sino a confirmar la clara conciencia con la que él
llegó al Sólio Pontifício "soy un humilde trabajador de la viña del Señor", decía a los
pocos minutos de ser elegido y de la misma manera ahora lo deja "os doy las gracias
por todo el amor y el trabajo con que habéis llevado junto a mí el peso de mi
ministerio y os pido perdón por todos mis defectos". En estos últimos días, él mismo se
ha encargado de recordarnos que el Único y Supremo Pastor de la Iglesia es Jesucristo
nuestro Señor. Todos los cristianos ejercemos en la Iglesia un papel fundamental, todos
somos miembros del cuerpo místico de Cristo, todos estamos llamados a ser testigos del
Señor Jesús en medio del mundo, pero para todo esto tenemos que contar en todo
momento con nuestra humanidad y Benedicto XVI lo ha hecho en un gesto de máxima
humildad.
De todos es sabido que el Espíritu Santo, a lo largo de sus casi nueve años de
Pontificado, ha regalado a la Iglesia un tesoro incalculable fruto de su
brillantez personal e intelectual: su dominio a la perfección de todas las ramas de la
Teología Sagrada le ha llevado a ser el mejor catequista y maestro que a lo largo de
sus audiencias, catequesis, homilías e intervenciones magisteriales nos ha ido
introduciendo en el gusto por las cosas de Dios, plásticamente manifestado en la
Sagrada Liturgia, en la que también ha dejado impreso su exquisito gusto y su
consolidado equilibrio entre tradición e innovación.
En estos días, la Iglesia entera da gracias a Dios por Benedicto XVI y por lo que
ha supuesto su Ministerio Petrino. Los cristianos no podemos criticar con teorías
infundadas ni desprestigiar tan valiente decisión, que sin duda ninguna está tomada
única y exclusivamente para bien de la Iglesia. El Papa no se despreocupa de ella, ni
esta aburrido, ni coaccionado, ni se va a descansar, ni ha perdido la fe... ni tantas
barbaridades como dicen por ahí. Tenemos que ser realistas y ver que lo que le ha
movido a hacerlo es el verdadero amor a Dios y a la Iglesia que han sido los motores de
toda su vida.
El Papa se va en el año de la fe. Un gran evento eclesial por él convocado en el
que nos ha invitado a renovar nuestra fe que recibimos en el Santo Bautismo. Lo que
hace el Papa es un verdadero ejercicio de fe. Fe en Dios, que todo lo puede y en cuyas
manos están la historia y el destino de todos los hombres.
Al poco tiempo de morir Juan Pablo II, rápidamente se extendió el hermoso
sobrenombre de "Juan Pablo II, el Magno"; a partir del próximo día 28 en el que
Benedicto XVI deje de calzar las sandalias del Pescador, todos debemos decir
"Benedicto XVI, el valiente".








































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